dimecres, 27 de juliol de 2011

SIN DUDA, UNA LECTURA MUY RECOMENDABLE.

Las mujeres que sí pintaron.

Un libro indaga en el camino abierto hacia la igualdad por algunas artistas de Cádiz en el siglo XIX

PEDRO ESPINOSA - Cádiz - 25/07/2011

Una mujer pintora podía ser aclamada. Pero no se celebraba su talento artístico sino la excepción que suponía gozar de una característica eminentemente varonil. En el siglo XIX, en Cádiz, comenzó a abrirse una puerta hacia la igualdad. La Academia de Bellas Artes aceptó dar clases a mujeres y, aunque siempre existieron diferencias, al menos las alumnas podían optar a las lecciones y premios que tenían sus compañeros masculinos. La investigadora gaditana Laura Triviño buceó en los discursos de esa academia para adentrarse en esa leve apertura. Y encontró los nombres y rostros de las mujeres que pintaron en la Historia.

Triviño, licenciada en Filosofía por la UNED y titulada profesional en Música, obtuvo el Primer Premio Nacional de Licenciatura de Humanidades y el X Premio de Investigación Elisa Pérez Vera por su trabajo sobre el papel de la mujer en la Academia de Bellas Artes de Cádiz. Los discursos pronunciados por sus mentores han sido la base de esta investigación que ha resumido en el libro Ellas también pintaban, publicado por Ediciones Alfar.
La Academia surgió en 1789 y en 1852 creó lo que denominó clase para señoritas, la primera de Andalucía, con lo que abría la posibilidad de una educación universalista para que las enseñanzas artísticas fueran extensibles a ambos sexos. "En esta etapa decimonónica se fijó la idea de que una mujer no solo tenía que ser guapa, buena madre y buena esposa. También debía ser culta", explica Triviño. Solo optaba a estas clases la burguesía pero fue, al menos, una oportunidad para incentivar algunas inquietudes que solo podían satisfacerse hasta entonces con lecciones particulares en casa.
Triviño descubrió en los discursos de los académicos dos tipos de reflexiones en torno a la participación de la mujer en el arte. El más preponderante era el de la complementariedad. La unión de ambos sexos era buena para la creación artística. "El hombre ponía la mente; la mujer, el corazón", se llega a leer en algunos de estos textos. Otros discursos, como el de Adolfo de Castro, eran más progresistas y sí apostaban por creer en la posibilidad de un talento real de la mujer. Los dos casos, con todo, eran un avance con respecto a los que en el Renacimiento o el Barroco saludaban a una mujer pintora como casi un milagro de la naturaleza.
El libro no es un compendio de mujeres pintoras sino una reflexión desde el punto de vista del género sobre las desigualdades. Con todo, aparecen breves biografías de algunas artistas que destacaron como Victoria Martín Barihé o Ana Gertrudis de Urrutia. Dieron un paso más allá de ser consideradas señoras con una afición a poder ser recordadas como creadoras. Pero con muchos límites que hasta ellas mismas se impusieron. "No asumieron en sus obras el rol. Ellos se autorretrataban con su paleta y su pincel; ellas, con un abanico". Otras, como Adelaida Labille-Guiard, sí se pintaron con sus discípulas. Asumía su papel de artista y maestra.
Gran parte de las obras de estas mujeres están perdidas. "Ocurrió con muchos cuadros de esta época". En esto hubo igualdad. Se perdieron las de hombres y mujeres, según relata la autora del libro. Otras se conservan y han permitido conocer más detalles de esa puerta que se abrió esos años en Cádiz para que otras, como ellas, pintaran en todos los sentidos.

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